Plattenbeläge DenadetAcerca de Plattenbeläge Denadet

Los orígenes siempre son parte de lo que nos identifica. Aquello que nos muestra nuestro presente. Quiero que me conozcáis mejor. Bienvenidos a mi historia.

Soy Carlos, un español de Valencia que empecé muy temprano a saber lo que era el trabajo. Lo que era la disciplina de los adultos a los que nadie les ha regalado nada. Mi padre fue el gran ejemplo a seguir. Mi mentor, mi referente, mi punto de apoyo.

Las circunstancias de la vida, y un poco el priorizar otros temas a los estudios dieron como resultado una carrera de arquitectura a un camino medio hacer. Pero mi pasión por ello siguió creciendo, hasta la fecha.

Fui empresario prematuro. En plena adolescencia monté mi primera empresa de colocación de baldosas profesional. Pero con diecinueve años, me fui a Alemania durante un largo año. La razón era sencilla. En esa época había mucha construcción debido a la unión de Alemania del este y la Alemania del oeste. Motivo por el cual fue una gran oportunidad para seguir trabajando y, en consecuencia, aprendiendo de mi trabajo y de un idioma que me serviría en el futuro sin yo saberlo aún.

Mi vida profesional fue creciendo y evolucionando. Y yo con ella. Un aprendizaje constante y una mentalidad abierta al futuro de las empresas para cubrir sus necesidades. Convirtiendo mis fracasos, porque los hubo, en aprendizaje, y unas fortalezas convertidas en oportunidad para ser un gran profesional.

Llegué a Mallorca con esos jóvenes veintiún años y con una madurez forjada por la vida que estaba llevando. Monté otra empresa de alicatados con mi hermano. Un trabajo arduo que me permitió volver a mí querida Valencia natal a emprender de nuevo. Esta vez, toda la familia fue parte de ese crecimiento profesional. Otro aprendizaje más de una vida que, sin lugar a dudas, decidí yo desde mi prematura edad.

Una empresa de promoción y construcción donde fuimos testigos y protagonistas de la venta de nuestra primera vivienda unifamiliar. Y nos especializamos, crecimos, mejoramos como profesionales, y también como personas.

Pero la crisis del 2008 hizo estragos. Nos hizo besar el frío lodo y degustar el amargo sabor de la derrota. Aunque sirviera de aprendizaje. Nos hizo más resilientes, claro, pero no pudimos evitar las heridas emocionales. Nos dimos cuenta de la vulnerabilidad de nuestra existencia, pero también de la fortaleza para seguir adelante.

Esa situación nos generó algo que valía más que todo el dinero. Conocimiento. Y con ese conocimiento y predisposición, abrimos una tienda de reformas que tuvo una vida de dos años. Pero la situación no permitió que siguiéramos adelante con ella. Así que decidimos cerrarla, por nuestra salud en todos los aspectos.

Mi vida no ha sido fácil, ciertamente, pero hubo épocas en las que el trabajo casaba a la perfección con la economía que éste generaba, y nos permitía estar tranquilos y vivir muy bien. Soy consciente que muchas personas hubieran decidido dejar de emprender. Los comprendo. Los entiendo. Y sobre todo, lo respeto. Pero yo soy de esos inconformistas que en los malos momentos, me gusta reinventarme. Y así fue.

El 1 de enero de 2012 fue un día decisivo. Un antes y un después en mi vida. Un salto hacia el riesgo más absoluto que hizo que dejara atrás mi vida. Una vida que me dio mucho, me quitó mucho, y me hizo aprender muchísimo más.

Ese 1 de enero de 2012 estaba en casa de mi madre. Después de una noche de trabajo como seguridad en una fiesta privada. Algo que me estaba permitiendo ganar un dinero que, al menos, me hacía sobrevivir. Sin duda soy una persona que no permito que me caigan los anillos. La vida también me ha enseñado a no ser exigente con algunos trabajos cuando las circunstancias han sido poco agradecidas.

Recuerdo esa mañana después de una nochevieja larga, muy larga. Con 100 euros en la mano, mi cabeza reaccionó. Tenía que hacer algo. Algo que me hiciera avanzar, como profesional y como persona. Necesitaba empezar de cero… otra vez. Pero algo tenía que cambiar para no cometer los mismos errores del pasado que tan caros me habían salido.

Mi búsqueda fue sin reparo, sin muros, sin límites en España, y empecé a buscar lugares de todo el mundo. No tenía nada que perder. Australia fue el primer destino que apareció en mi mente por el tipo de vida, las condiciones profesionales, etc. Pero mi querida Suiza actual me hizo borrar de la mente esa Australia tan alejada de casa.

La decisión fue rápida. Muy pero que muy rápida. En menos de 15 días después, el 16 de enero de ese mismo año, estábamos mi hermano y yo plantados en esa preciosa Suiza, dura pero generosa. Con una puerta abierta a evolucionar como profesionales del sector de los alicatados. Predispuesto a aprender un idioma ajeno a nosotros pero que nos abriría puertas. Con toda la predisposición a ser mejores personas, a ayudar a empresas para cubrir sus necesidades, y sus deseos.

Desde entonces, la vida me ha ido dando regalos en forma de personas, y de aprendizaje constante. Llevo en Suiza desde el año 2012. Sin duda no fue fácil. Cambiar tu hogar para construir una nueva vida en un país que no es el tuyo natal.

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Pero el tiempo, y mis decisiones, han ido poniendo todo cuanto tengo en su lugar. Formando una familia en esta maravillosa Suiza de la que tengo tantísimo que agradecerle. Trabajando para empresas de este país donde la disciplina, el buen hacer y la seriedad trabajando, son un factor común denominador.

Pero a pesar de la nostalgia por mi país, sigo viviendo en esta Suiza que tanto me ha dado, y me sigue dando, convirtiéndola en mi segundo hogar.

Gracias a todos los que hoy formáis parte de mi vida. Y a ti, que me lees, bienvenido. Siéntete como en casa. Tu casa.